I
Con la tarde de diciembre
fijamos un decreto de dos o varios colores.
Más tarde se acuesta a mi costado para rendir cuentas,
le cuento el universo en sus pechos;
dos planetas con perfectos círculos.
Sus órbitas suenan como pájaros hambrientos,
saben a pedazos de luna muda, intacta, salvaje.
Con la tarde de diciembre
fijamos un decreto de dos o varios colores.
Más tarde se acuesta a mi costado para rendir cuentas,
le cuento el universo en sus pechos;
dos planetas con perfectos círculos.
Sus órbitas suenan como pájaros hambrientos,
saben a pedazos de luna muda, intacta, salvaje.
II
Por las mañanas me hace el desayuno,
pruebo las delicias de su cielo,
de su patio trasero
y la incertidumbre tirana
de los focos apagados.
La luz se puede ver a lo menos,
los ojos empañados se empapan de estrellas,
nuestras estrellas en plena encrucijada,
ellos se derraman por el río dorado que nos ampara.
Por las mañanas me hace el desayuno,
pruebo las delicias de su cielo,
de su patio trasero
y la incertidumbre tirana
de los focos apagados.
La luz se puede ver a lo menos,
los ojos empañados se empapan de estrellas,
nuestras estrellas en plena encrucijada,
ellos se derraman por el río dorado que nos ampara.
III
Ella, es simple. Sabor a vino. Serena.
Tiene una lengua de paja y de brizna de mar.
Es vértice de estatuas,
un mono de nieve donde los niños añoran jugar.
Ella, es un gato pardo que brinca entre mi patio.
Ella, es simple. Sabor a vino. Serena.
Tiene una lengua de paja y de brizna de mar.
Es vértice de estatuas,
un mono de nieve donde los niños añoran jugar.
Ella, es un gato pardo que brinca entre mi patio.
IV
A veces nos sentamos debajo de un árbol
a escuchar como caen las estrellas de nuestro cuerpo,
son como pequeños barcos que no desean nunca volver.
Nos enfilamos con focos en la boca, nos miramos, nos besamos.
Las palomas vuelan, vuelan alto, muy alto.
(Tenemos alas de papalote insondables)
A veces nos sentamos debajo de un árbol
a escuchar como caen las estrellas de nuestro cuerpo,
son como pequeños barcos que no desean nunca volver.
Nos enfilamos con focos en la boca, nos miramos, nos besamos.
Las palomas vuelan, vuelan alto, muy alto.
(Tenemos alas de papalote insondables)
V
Siempre nos miramos, parecemos espías,
mirándonos a escondidas de la luz matutina.
Siempre nos miramos, parecemos espías,
mirándonos a escondidas de la luz matutina.
Eres la reencarnación de la oscuridad.
Tú, mi alegría a borbotones, inconfundible
y memoricamente luna blanca.
Tú, mi alegría a borbotones, inconfundible
y memoricamente luna blanca.
Javier Aranda
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