SOLA.
Va apoderándose de mí tu dulce amargura.
Mientras mi alma navega por tu cielo
extraviada en su profundidad, en su amplitud.
Intento volver, demasiado tarde.
Tus brazos me han tomado ya,
aferrándome a ti,
a permanecer unida a tu frío infierno,
ahogándome con tu viento penetrante
como el aroma a tabaco
de todas mis madrugadas.
Me obligas a ser eternamente tuya
sin pensar siquiera si me he encontrado.
No das tiempo a elegir, tan sólo me tomas
y pretendes sea así por siempre.
Más no querida amiga, esta vez no...
no quiero pertenecer a ti, no más.
No deseo estar en tu helada compañía.
Esta vez quiero ser libre. Ser de ella.
No quiero vivir más en tu ausente soledad.
Por: Andrè Muryer